Lo efímero de la red

Hoy, ha de ser hoy,  mañana tal vez perdamos la oportunidad de disfrutar con este nuevo doodle animado de Google. La región  bajo una catenaria tridimensional da pie a una animación que homenajea  la obra del escritor polaco Stanislaw Lem , que este miércoles cumple 60 años.Hoy, justo hoy que, después de trabajar la exponencial, les quiero presentar a los alumnos la curva catenaria a partir de una suma de exponenciales ).

Como no podía ser de otra manera Las Matemáticas son el lenguaje de comunicación entre el hombre y la máquina.

... "Un científico aparece en frente del logo de Google, dibujado en blanco y negro, y se desplaza pensativo hasta el otro extremo de la pantalla. Al hacer clic en el logo de Google, la imagen comienza a moverse y este científico recorre la pantalla por donde se proponen una serie de problemas matemáticos. El protagonista del diseño continua caminando hasta encontrarse con un robot gigante con el que se comunica mediante operaciones matemáticas."...

 No conocía la obra de este escritor polaco de Ciencia fición; Cristobal me lo presenta y me anima a leer uno de los  relatos de Ciberiada  "Los dragones de la probabilidad ":  


Trurl y Clapaucio eran alumnos del gran Cerebrón Emtadrata, quien durante 47 años había enseñado en la Escuela Superior de Neántica la Teoría General de Dragones. Como sabemos los dragones no existen. Esta constatación simplista es, tal vez, suficiente para una mentalidad primaria, pero no lo es para la ciencia. La Escuela Superior de Neántica no se ocupa de lo que existe; la banalidad de la existencia ha sido probada durante demasiados años para que valiera la pena dedicarle una palabra más. Así pues, el genial Cerebrón atacó el problema con métodos exactos descubriendo tres clases de dragones:los iguales a cero, los imaginarios y los negativos. Todos ellos, como antes dijimos, no existen, pero cada clase lo hace de manera completamente distinta. Los dragones imaginarios y los iguales a cero, a los que los profesionales llaman imaginontes y ceracos, no existen, pero de modo mucho menos interesantes que los negativos. Desde hace mucho tiempo se conoce en la dragonología una paradoja, consistente en el hecho de que, si se herboriza a dos negativos (operación correspondiente en el álgebra de dragones a la multiplicación en aritmética corriente), se obtiene como resultado un infradragón en la cantidad 0,6 aproximadamente. A raíz de este fenómeno, el mundillo de los especialistas se dividía en dos campos, de los cuales uno sostenía que se trataba de la parte de dragón contando desde la cabeza, y el segundo afirmaba que había que contar desde la cola. Trurl y Clapaucio tuvieron el gran mérito de esclarecer lo erróneo de ambas teorías. Fueron ellos quienes aplicaron por primera vez el cálculo de probabilidades en esta rama de la ciencia, creando, gracias a ello, la dragonología probabilística. Esta última demostró que el dragón era termodinámicamente imposible sólo en el sentido estadístico, al igual que los elfos, duendes, hadas, gnomos, etc. Los dos científicos calcularon en base a la fórmula general de la improbabilidad los coeficientes del duendismo, de la elfiación, etc. La misma fórmula demuestra que para presenciar la manifestación espontánea de un dragón, habría que esperar dieciséis quintocuatrillones de heptillones de años más o menos. No cabe duda de que el problema hubiera quedado como un simple curiosum matemático, si no fuera por la conocida pasión constructora de Trurl, quien decidió investigar la cuestión empíricamente. Y puesto que se trataba de fenómenos improbables, inventó un amplificador de la probabilidad y lo comprobó, primero en el sótano de su casa, luego en un Polígono Dragonífero especial, Dragoligón, costeado por la Academia.
Las personas no iniciadas en la teoría general de la improbabilidad preguntan hasta hoy día por qué, de hecho, Trurl probabilizó al dragón y no al elfo o al gnomo. Lo hacen por ignorancia, ya que no saben que el dragón es, sencillamente, más probable que el gnomo. Es posible que Trurl haya querido avanzar más en sus experimentos con el amplificador, pero ya en el primero sufrió graves contusiones, puesto que el dragón, en vías de virtualización, quiso merendárselo.


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